Por que nunca pudo superar "el 9 de abril".
Fue la fecha del asesinato de Jorge Eliécer Gaitan
"En una ocasión llegué de noche a la Catedral de Bogotá, en compañía de varios amigos. La iluminación de la calle era exigua y un piquete de soldados inquietaba la escena. De repente, tras un árbol o unos arbustos, aparecieron unas figuras que parecían una prolongación del follaje. Costaba trabajo distinguir los ojos entre las revueltas cabelleras. Aquel grupo era liderado por un bulto que poco a poco se perfiló como una mujer colosal. Cuando estuvo suficientemente cerca para verle las marcas de hollín en las mejillas, abrió una boca en la que sólo quedaban dos dientes inverosímiles, como los colmillos de un jabalí, y exclamó: “¡Tengo tanta hambre que me voy a comer al más grande de todos ustedes!”. Desviamos la vista a los solados, repentinamente protectores. Entonces la mujer soltó la risa robusta de los ogros y extendió una mano de comienzos del mundo, hecha para abrir cuevas y aplastar fogatas. Nuestras monedas cayeron en su palma como pepitas de una tribu inferior"
Aquí también fue una de esas plazas al igual que el Cartucho. Que se hicieron para sacar toda esa gente que se la adueñaron, y se había vuelto una zona donde uno tenia que pedir permiso para poder entrar. Dicen que si no lo hacías te desaparecían y punto. Así de fácil, ni la policía podía entrar sin el permiso.
Flaubert escribió a Turguénev: "Siempre he tratado de vivir en una torre de marfil, pero una marea de mierda golpea sus muros y amenaza con minarla".
Brecht dijo: "Cuando estás de mierda hasta el cuello, lo único que te queda es cantar". Y sí, Colombia canta, hasta el punto de haber convertido ya en lugar común la idea de que sus reservas espirituales se manifiestan por la vía del arte.