19/7/08
UNFIN
17/7/08
14/7/08
JULIO COLOMBIANO
que apestoso ponerse un nombre asi, no?
pero me gusta cuando los colores se pierden con el cielo gris de bogota.
11/7/08
Elcelu
Yo en cambio desde hace un año, que no tengo un teléfono celular, y lo hago por convicción, por que no quiero tener uno, nada mas por eso. Por que a demás quien no tiene teléfono celular ahora, hasta los niños posen uno, no?
Cuando me piden el numero de mi teléfono, y les digo que no tengo, se asombrarían de las reacciones que provoca esa respuesta ¡Yo no tengo celular ¡
Me mirar incrédulos creyendo que no se los quiero dar.
Y no es cómodo siempre dar una respuesta convincente a quien te lo pide, a veces les digo que se me perdió, otras que no creo en las comunicaciones y así lo que se me vaya ocurriendo en el momento.
Hay gente que dice que soy irresponsable por no cargar uno, que es seguridad y no se que tantas ventajas que conlleva tener uno. Pero creo como dice el letrero de la foto, que dice que somos prisioneros de nuestros propios inventos.
Cada vez nos volvemos mas dependientes de todo lo que nos rodea, no han oído a los viejitos decir que los computadores nos resuelven los problemas que antes no teníamos, y así podemos seguir nombrando cosas que antes no necesitábamos y ahora son parte esencial de nuestro existir, y que no podemos ya vivir sin ellos.
9/7/08
8/7/08
por las cosas que estoy pasando sin mirar nada mas que mi paso por el tiempo, sin ninguna pretensión de mostrar algo extraordinario, mas que mi contexto inmediato.
Siguiendo el rastro de la venta de minutos a 200.
ir a Juan valdez tomar tinto como le dicen aquí al café.
como la gente humilde si se divierte en cualquier lado y sin ningun prejuicio.
Entendiendo y conociendo a los judíos,
su historia, costumbres
mira que no todos son como uno cree de ..............

Siempre tiendes a pensar donde estas parado en la vida, hacia donde vas? me pasa siempre cuando cumples años, es fecha para mirar hacia atrás y preguntarme si estoy haciendo las cosas bien. De marcar ciclos, que vuelven siempre a repetirse, no?
Para bien o para mal, creo que todo lo que hemos hecho se queda en nuestras vidas, marcándolas. A veces por el miedo, otras simplemente esperando a que pasen las cosas y arreglen tu vida, en esos letargos de tu vida en los que sientes que nada estas haciendo bien, pero también por los que te esfuerzas y te hacen sentir contento con los resultados.
Bueno creo que estoy en un ciclo y hay que saber aprender a mirar lo que represento sobre el espejo.
Para bien o para mal, creo que todo lo que hemos hecho se queda en nuestras vidas, marcándolas. A veces por el miedo, otras simplemente esperando a que pasen las cosas y arreglen tu vida, en esos letargos de tu vida en los que sientes que nada estas haciendo bien, pero también por los que te esfuerzas y te hacen sentir contento con los resultados.
Bueno creo que estoy en un ciclo y hay que saber aprender a mirar lo que represento sobre el espejo.
6/7/08
060708
060708
No se, a veces quiero salir de la monotonia de hacer lo mismo por esto lo dedique a la gente que uno ve, normalmente en las calles, sentirme parte de una sociedad tal vez.
5/7/08
4/7/08
Nosotros, los colombianos
Es el titulo de la columna de Juan Villoro del día de hoy, y estoy totalmente de acuerdo con ella, cuando dice que nosotros (los mexicanos) afirmamos con implícita superioridad que nos estamos colombianizando, por toda la violencia que esta azotando al país, pero yo veo que toda esa violencia se termino hace años por aquí y ahora ya lo superaron y miran hacia otras direcciones. Mientras tanto nosotros tratamos de etiquetar una situación para justificar algo que se nos escapa de las manos y así sentirnos ''bien''.
Creo tambien que tenemos muchas cosas en comun, mas de lo que uno puediera imaginar, maneras de pensar o actuar, (bueno en la comida eso nada de nada) y no es un percepcion solamente mia el otro dia me decia un amigo que ha estado mucho tiempo en mexico, que se identificaba mas con mexico que con venezuela o ecuador o america latina en general.
Pero también veo con buenos ojos que ya estamos copiando modelos urbanos que están funcionando aquí con éxito, acuérdense que Bogotá obtuvo el León de Oro como mejor ciudad en la Bienal de Venecia.
Aquí veo como las ciudades le devolvieron al peatón el espacio que le había quitado el automóvil por ese afán de tratar de modernizarla,
Aquí en lugar de hacer las calles mas anchas por que el trafico vehicular esta aumentado, no, hicieron lo contrario de lo que unos creen que es lo ‘lógico’ sino lo que hicieron mas ancho fueron los andenes y las calles mas angostas.
Y es algo que la ciudad de México esta tomando como ejemplo. Como la zona que recupero con tepito, o los paseos en domingo en bicicleta, en chihuahua con el transporte colectivo así sucesivamente reciclar las plazas que se olvidaron de ellas, por que este concepto de adueñarse de la ciudad caminandola se perdió por completo hace muchos años.
Bueno y quiero acabar con el final de la columna de Villoro, tratando de cambiar esa idea que tenemos preconcebida del mundo que nos rodea.
La frase México se está colombianizando ha cambiado de signo: hoy es motivo de esperanza.
Nosotros, los colombianos
Por Juan Villoro
Hace unos meses Fernando Vallejo, admirado autor de La virgen de los sicarios, tomó una decisión un tanto imaginaria, nacionalizarse mexicano. Que alguien nacido en Colombia adopte un país tan parecido al suyo equivale a dejar el tequila blanco para pasar al reposado.
No es casual que una de las novelas más mexicanas de los últimos años, No me olvides cuando mueras, sea obra de un colombiano, Hugo Chaparro Valderrama. Escrita en octosílabos indoloros, que se leen como la respiración natural del idioma, narra los portentos que un ciego atestigua durante la guerra cristera. Chaparro Valderrama entrega las visiones de un invidente, hechas de palabras. Excepcional compendio de la lengua y las supersticiones nacionales, No me olvides cuando mueras ha sido escrita por un mexicano secreto, eso que suele ser un colombiano.
El día en que Hemingway se pegó un tiro, Gabriel García Márquez llegó a México. Aquí reinventó el hielo, admiró a Rulfo y leyó un graffiti en una barda: Peggy, dame un beso (este telegrama de literatura urbana lo llevó a pedir públicamente que Peggy accediera a la solicitud).
El 24 de octubre de 1956, también Álvaro Mutis llegó a la Ciudad de México. Venía apesadumbrado y se desplomó en el asiento de un taxi. El conductor le preguntó qué sucedía. El poeta confesó que tenía un problema del carajo. No se preocupe, señor, aquí todo se alivia, dijo el piloto. Mutis contempló el violáceo atardecer del altiplano y acaso intuyó que se quedaría aquí para siempre.
El autor de La nieve del almirante preside el patronato de la Casa Refugio Citlaltépetl, que acoge a escritores perseguidos. Ahora es él quien funge de piloto ante los recién llegados. El miércoles pasado comimos con el más reciente huésped de la casa, el iraquí Hatem Abdulwahid Saleh, quien salió de Bagdad ocho meses después de la guerra; pasó de un país a otro durante cinco años hasta llegar a México, de donde se ha propuesto no salir, siempre y cuando no le sirvan ese guiso desconcertante que lleva chocolate. Durante la comida, Mutis fue lo que siempre ha sido: el anfitrión de cualquier sitio donde se encuentre. Imposible pensar que sea alguien llegado de lejos.
A principios del siglo XX otro colombiano vino a México a complicarse la vida y compensar sus arrebatos con propinas. En los años de Revolución, Porfirio Barba Jacob entraba a las cantinas como un caudillo de la ocurrencia y el malhumor. A una camarera le dio un billete de 100 pesos y le dijo: Dieciséis pesos son por los tragos y el resto en pago de los insultos.
Fernando Vallejo dedicó 10 años a su excepcional biografía de Barba Jacob, El mensajero, y un erudito con buenos anteojos podría dedicar mil páginas a mostrar lo nuestras que han sido las palabras colombianas.
Por eso desconcierta que se diga con alarma: México se está colombianizando. Obviamente la frase no se refiere a que bailemos demasiados vallenatos o seamos incapaces de olvidar a Margarita Rosa de Francisco en Café con aroma de mujer, sino al incremento del narcotráfico y la violencia.
La literatura de Colombia ha dado cuenta de ese drama. En El olvido que seremos Héctor Abad Faciolince narra el asesinato de su padre y en Rosario Tijeras Jorge Franco trata el tema de los sicarios.
En abril de 2003 comí en Bogotá con la poeta María Mercedes Carranza. Mientras me explicaba el ritual aderezo del ajiaco, contó que uno de sus familiares estaba secuestrado por las FARC y otro había sido víctima de los paramilitares. Dos fuerzas presuntamente enemigas destruían a una misma familia. Poco después, el 11 de julio, María Mercedes puso fin a una vida determinada por ausencias. En uno de sus poemas escribió: Me he cansado/ de mis palabras,/ se las presto.
Otro escritor cercado por la violencia, Fernando Cruz Kronfly, decidió refutar la situación colombiana con un congreso sobre el Principio Esperanza. Nos reunimos en Cali, capital de la salsa. En una de esas noches en que los colombianos revelan que su oficio primordial es la música, Fernando tomó una guitarra. Apenas había templado unas notas cuando advertimos que su mujer lloraba en silencio. Quería pasar inadvertida pero no lo logró. Le preguntamos qué sucedía. Su respuesta llegó como un granizo: Fernando no tocaba desde el secuestro de nuestro hijo.
Colombia ha pasado por años de sangre. Sin embargo, mientras en México se afirmaba con implícita superioridad nos estamos colombianizando, allá se recuperaban espacios de soberanía y se combatía el crimen organizado, tanto en la selva como entre los políticos.
Ayer leímos una noticia con sabor a milagro: Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes fueron liberados por la Operación Jaque sin que se disparara un tiro. El Ejército infiltró a las FARC, llevó un helicóptero blanco al corazón de las tinieblas y convenció a los guerrilleros de desplazar a los secuestrados a un sitio más seguro. La noche del miércoles, el general Padilla narró lo ocurrido con una claridad expositiva que sugería que el operativo también era un triunfo de la lengua castellana. Lo mismo puede decirse de los demás participantes en la asombrosa rueda de prensa, incluyendo a la ex candidata a la Presidencia, que soportó las penurias del secuestro leyendo un diccionario del que no se separaba, y al cabo que la asistió en cautiverio y le salvó la vida.
Cuando el helicóptero de las Fuerzas Armadas despegó, podía haber disparado sobre los guerrilleros. No lo hizo. El operativo no tuvo otra arma que la persuasión.
Ayer, Reforma dedicó su portada a la liberación de Ingrid Betancourt. La noticia contrastaba con dos temas locales: el secuestro de empresarios en Oaxaca y Aguascalientes y las secuelas del desastroso operativo en la discoteca News Divine.
La frase México se está colombianizando ha cambiado de signo: hoy es motivo de esperanza.
Fuente: Reforma / México
Viernes, 04 de julio de 2008
aquí otro link de miquel adria, comentando sobre los cambios en medellin.
http://www.elpais.com/articulo/arte/sicarios/orquideas/elpepuculbab/20080621elpbabart_8/Tes?print=1
Creo tambien que tenemos muchas cosas en comun, mas de lo que uno puediera imaginar, maneras de pensar o actuar, (bueno en la comida eso nada de nada) y no es un percepcion solamente mia el otro dia me decia un amigo que ha estado mucho tiempo en mexico, que se identificaba mas con mexico que con venezuela o ecuador o america latina en general.
Pero también veo con buenos ojos que ya estamos copiando modelos urbanos que están funcionando aquí con éxito, acuérdense que Bogotá obtuvo el León de Oro como mejor ciudad en la Bienal de Venecia.
Aquí veo como las ciudades le devolvieron al peatón el espacio que le había quitado el automóvil por ese afán de tratar de modernizarla,
Aquí en lugar de hacer las calles mas anchas por que el trafico vehicular esta aumentado, no, hicieron lo contrario de lo que unos creen que es lo ‘lógico’ sino lo que hicieron mas ancho fueron los andenes y las calles mas angostas.
Y es algo que la ciudad de México esta tomando como ejemplo. Como la zona que recupero con tepito, o los paseos en domingo en bicicleta, en chihuahua con el transporte colectivo así sucesivamente reciclar las plazas que se olvidaron de ellas, por que este concepto de adueñarse de la ciudad caminandola se perdió por completo hace muchos años.
Bueno y quiero acabar con el final de la columna de Villoro, tratando de cambiar esa idea que tenemos preconcebida del mundo que nos rodea.
La frase México se está colombianizando ha cambiado de signo: hoy es motivo de esperanza.
Nosotros, los colombianos
Por Juan Villoro
Hace unos meses Fernando Vallejo, admirado autor de La virgen de los sicarios, tomó una decisión un tanto imaginaria, nacionalizarse mexicano. Que alguien nacido en Colombia adopte un país tan parecido al suyo equivale a dejar el tequila blanco para pasar al reposado.
No es casual que una de las novelas más mexicanas de los últimos años, No me olvides cuando mueras, sea obra de un colombiano, Hugo Chaparro Valderrama. Escrita en octosílabos indoloros, que se leen como la respiración natural del idioma, narra los portentos que un ciego atestigua durante la guerra cristera. Chaparro Valderrama entrega las visiones de un invidente, hechas de palabras. Excepcional compendio de la lengua y las supersticiones nacionales, No me olvides cuando mueras ha sido escrita por un mexicano secreto, eso que suele ser un colombiano.
El día en que Hemingway se pegó un tiro, Gabriel García Márquez llegó a México. Aquí reinventó el hielo, admiró a Rulfo y leyó un graffiti en una barda: Peggy, dame un beso (este telegrama de literatura urbana lo llevó a pedir públicamente que Peggy accediera a la solicitud).
El 24 de octubre de 1956, también Álvaro Mutis llegó a la Ciudad de México. Venía apesadumbrado y se desplomó en el asiento de un taxi. El conductor le preguntó qué sucedía. El poeta confesó que tenía un problema del carajo. No se preocupe, señor, aquí todo se alivia, dijo el piloto. Mutis contempló el violáceo atardecer del altiplano y acaso intuyó que se quedaría aquí para siempre.
El autor de La nieve del almirante preside el patronato de la Casa Refugio Citlaltépetl, que acoge a escritores perseguidos. Ahora es él quien funge de piloto ante los recién llegados. El miércoles pasado comimos con el más reciente huésped de la casa, el iraquí Hatem Abdulwahid Saleh, quien salió de Bagdad ocho meses después de la guerra; pasó de un país a otro durante cinco años hasta llegar a México, de donde se ha propuesto no salir, siempre y cuando no le sirvan ese guiso desconcertante que lleva chocolate. Durante la comida, Mutis fue lo que siempre ha sido: el anfitrión de cualquier sitio donde se encuentre. Imposible pensar que sea alguien llegado de lejos.
A principios del siglo XX otro colombiano vino a México a complicarse la vida y compensar sus arrebatos con propinas. En los años de Revolución, Porfirio Barba Jacob entraba a las cantinas como un caudillo de la ocurrencia y el malhumor. A una camarera le dio un billete de 100 pesos y le dijo: Dieciséis pesos son por los tragos y el resto en pago de los insultos.
Fernando Vallejo dedicó 10 años a su excepcional biografía de Barba Jacob, El mensajero, y un erudito con buenos anteojos podría dedicar mil páginas a mostrar lo nuestras que han sido las palabras colombianas.
Por eso desconcierta que se diga con alarma: México se está colombianizando. Obviamente la frase no se refiere a que bailemos demasiados vallenatos o seamos incapaces de olvidar a Margarita Rosa de Francisco en Café con aroma de mujer, sino al incremento del narcotráfico y la violencia.
La literatura de Colombia ha dado cuenta de ese drama. En El olvido que seremos Héctor Abad Faciolince narra el asesinato de su padre y en Rosario Tijeras Jorge Franco trata el tema de los sicarios.
En abril de 2003 comí en Bogotá con la poeta María Mercedes Carranza. Mientras me explicaba el ritual aderezo del ajiaco, contó que uno de sus familiares estaba secuestrado por las FARC y otro había sido víctima de los paramilitares. Dos fuerzas presuntamente enemigas destruían a una misma familia. Poco después, el 11 de julio, María Mercedes puso fin a una vida determinada por ausencias. En uno de sus poemas escribió: Me he cansado/ de mis palabras,/ se las presto.
Otro escritor cercado por la violencia, Fernando Cruz Kronfly, decidió refutar la situación colombiana con un congreso sobre el Principio Esperanza. Nos reunimos en Cali, capital de la salsa. En una de esas noches en que los colombianos revelan que su oficio primordial es la música, Fernando tomó una guitarra. Apenas había templado unas notas cuando advertimos que su mujer lloraba en silencio. Quería pasar inadvertida pero no lo logró. Le preguntamos qué sucedía. Su respuesta llegó como un granizo: Fernando no tocaba desde el secuestro de nuestro hijo.
Colombia ha pasado por años de sangre. Sin embargo, mientras en México se afirmaba con implícita superioridad nos estamos colombianizando, allá se recuperaban espacios de soberanía y se combatía el crimen organizado, tanto en la selva como entre los políticos.
Ayer leímos una noticia con sabor a milagro: Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes fueron liberados por la Operación Jaque sin que se disparara un tiro. El Ejército infiltró a las FARC, llevó un helicóptero blanco al corazón de las tinieblas y convenció a los guerrilleros de desplazar a los secuestrados a un sitio más seguro. La noche del miércoles, el general Padilla narró lo ocurrido con una claridad expositiva que sugería que el operativo también era un triunfo de la lengua castellana. Lo mismo puede decirse de los demás participantes en la asombrosa rueda de prensa, incluyendo a la ex candidata a la Presidencia, que soportó las penurias del secuestro leyendo un diccionario del que no se separaba, y al cabo que la asistió en cautiverio y le salvó la vida.
Cuando el helicóptero de las Fuerzas Armadas despegó, podía haber disparado sobre los guerrilleros. No lo hizo. El operativo no tuvo otra arma que la persuasión.
Ayer, Reforma dedicó su portada a la liberación de Ingrid Betancourt. La noticia contrastaba con dos temas locales: el secuestro de empresarios en Oaxaca y Aguascalientes y las secuelas del desastroso operativo en la discoteca News Divine.
La frase México se está colombianizando ha cambiado de signo: hoy es motivo de esperanza.
Fuente: Reforma / México
Viernes, 04 de julio de 2008
aquí otro link de miquel adria, comentando sobre los cambios en medellin.
http://www.elpais.com/articulo/arte/sicarios/orquideas/elpepuculbab/20080621elpbabart_8/Tes?print=1
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